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Cuadros Clínicos de la Conducta Criminal: Desorden Narcisista con Personalidad Antisocial

El DSM-IV da un diagnóstico para el Desorden de la Personalidad Narcisista y otro para el Desorden de la Personalidad Antisocial.

Sin embargo, dado que en mi consulta he visto esta combinación (Desorden Narcisista con Personalidad Antisocial) y por considerar que cada uno tiene rasgos específicos, he subdividido tres entidades que describo separadamente:

  1. Desorden de la Personalidad Narcisista con Personalidad Antisocial
  2. Desorden de Personalidad Antisocial per se
  3. Asesinos en Serie

Para aplicar estos criterios, debe tratarse de personas mayores de 18 años, ya que los menores, hasta los 15 años, quedan en la categoría de Desórdenes de la Conducta.

Desorden de la Personalidad Narcisista con Personalidad Antisocial

Estas personas tienen un concepto sobrevaluado de sí mismos, pueden inventar fantasías grandiosas respecto a poder, inteligencia, belleza, éxito, etc. Se sienten superiores a los demás, únicos, especiales o perfectos. Suelen ser manipuladores, explotativos, arrogantes y astutos para sacar ventajas. Tienen una enorme necesidad de impresionar, son muy verbosos, requieren de excesiva admiración, esperan un trato preferencial o privilegios. Si no lo reciben, se tornan irritables y argumentativos respecto a sus derechos sin tomar en cuenta los derechos de los demás. Producen fácilmente lastimaduras narcisistas ante cualquier crítica o defecto. Pueden ser envidiosos pero más bien sienten y creen que los demás los envidian.

Incluso, por el predominio de rasgos narcisistas despliegan un “encanto superficial” que los hace atractivos y seductores, también aduladores ya que detectan la necesidad del otro y les ofrecen lo que les hace falta. Ésta es la tarjeta de presentación. Muchos tienen una máscara de salud y simpatía.

Sin embargo, la combinación de narcisista con predominancia antisocial los hace tomar más riesgos y más propensos a cometer actos delictivos, en algunas ocasiones hasta homicidio.

Pueden seducir a mujeres ricas, o de mayor edad, o viudas o jóvenes que representan una diversión o una gratificación.

Lado a lado de su ser “encantadores”, son, a la vez, fríos, calculadores y “engatusan” a sus víctimas. No sienten empatía, ni culpa cuando lastiman a alguien. Se mueven por el principio de placer. Buscan emociones intensas, estimulantes o de suspenso. Si algo los frustra, se tornan irritables y están predispuestos a aburrirse fácilmente.

Su estilo de vida puede ser parasitario, a expensas de alguien. Algunos los llaman “vividores” e irresponsables, aún con aquellos que llaman “amigos”, dejan que ellos paguen las cuentas de consumo, bebidas, gasolina, etc.

La simulación es habitual.Son apostadores en el juego o cartas y hacen trampas habilidosas para ganar.

Algunos altamente inteligentes cometen fraudes, falsificaciones, extorsiones, robos electrónicos de tarjetas, etc. que planean con gran cuidado, no cometen errores y, con frecuencia, no son descubiertos. Son estafadores profesionales.

Cuando sostienen algún trabajo incurren en actos delictivos en la empresa, en transacciones o usando sus credenciales e instalaciones.

Si están en Oficinas con altos puestos, son adeptos a “corruptelas”, favores, lavado de dinero, presta nombres, negocios sucios u operaciones ilícitas. Se puede decir que abundan en la sociedad, pasan desapercibidos, o lo que es peor, aceptados o coludidos sin consecuencias.

Por el excesivo amor a sí mismo, el narcisismo, que encubre carencias, no se inclinan a usar la agresión física. Ésta es una distinción importante con las características graves del Desorden de la Personalidad Anti-Social, sin embargo, en algunos casos sí llegan hasta a matar.

Tomemos por ejemplo, la película de Steven Spielberg “Catch me if you can” (2002), Atrápame si puedes, basada en una historia verdadera. Es la historia de Frank Abagnale, un joven encantador (interpretado por Leonardo de Caprio), inteligente, manipulador, experto en falsificaciones, que se las ingenia para hacerse pasar como doctor y logra instalarse en un hospital, como piloto en una aerolínea o como abogado fiscal, entre otras simulaciones, logrando pasar por los exámenes de admisión o criterios de selección.

Cuando finalmente fue atrapado, pasó casi 5 años en prisión y después fue contratado por una oficina del gobierno federal de los Estados Unidos (FBI), encargado de detectar falsificaciones y fraudes.

En este tipo de personas, la motivación es consciente, planeada, distinguen perfectamente entre el bien y el mal y mantienen el contacto con la realidad.

Veamos ahora un ejemplo de un caso más grave. En la película La Provocación (Match Point, 2005), dirigida por Woody Allen, se presenta esta combinación de alta peligrosidad. Se trata de un profesional del tenis, vividor sin escrúpulos que aprovecha hacerse amigo de un joven millonario para seducir a su hermana y casarse con ella, al mismo tiempo que seduce y mantiene relaciones con la prometida de Tom, la hermosa e inestable Nola. Al poner en riesgo su matrimonio, el punto de tensión está en perder o ganar. Él la mata para mantener su status quo y la riqueza en la escala social. Y lo consigue.

Por lo general, estas personas, al actuar de forma consciente y sin culpa, no acuden a consulta y, cuando lo llegan a hacer, lo hacen por otros motivos circunstanciales, como un proceso de divorcio, una quiebra o algún otro proceso significativo.